Chile ayuda a Chile

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lunes, junio 09, 2008

LA VIOLENCIA DEL MERCDO DE TRABAJO

Hace algunas semanas se vio en las noticias los ataques xenófobos en Sudáfrica, cuyas víctimas, inmigrantes pobres de países vecinos, fueron presa de crudas manifestaciones de violencia. A este grupo de inmigrante se le culpa de los problemas sociales que enfrenta dicha nación, principalmente, el desempleo. Y esto ya es cuento viejo, pues vemos, aunque tal vez con manifestaciones diferentes pero no necesariamente menos despreciables ni violentas, lo mismo en Chile con la inmigración peruana, en EEUU con la inmigración latina, en Europa, con latinos y africanos, etc. Y es una constante que el tema eje de todo ello es la ocupación de puestos de trabajo, situación que al ser combinada con nacionalismo y elementos culturales e identitarios genera hechos de violencia en los que se olvida algo fundamental: independiente de la clasificación que se use, estamos hablando siempre de seres humanos.

¿Por qué se genera esto?

El inmigrante pobre, de baja calificación, suele ofrecer su trabajo por menos dinero que el trabajador nativo del lugar. También abarata su costo el hecho de que su venta de fuerza de trabajo se realiza en mercados laborales informales, donde los derechos y legislación laborales no se hacen presentes, o bien, en mercados formales con formas de contratación que le dejan al margen de beneficios sociales. Es por eso que los hechos de violencia se desatan en sectores más populares y no en otros.

Otro factor a considerar es que el trabajo es el mecanismo por el cual el sujeto se conecta a la sociedad. Ello se expresa, hoy en día en que el trabajo está organizado en torno a un mercado – en cada nación con alguna regulación particular, o sin ninguna – laboral. Sea formal o informal, es por medio de la venta de fuerza de trabajo en el mercado de trabajo donde cada sujeto accede a los bienes que le permiten vivir. De lo contrario, el sujeto queda condenado a la exclusión social, lo que hoy significaría quedar fuera del mundo del consumo.

Entonces – frente a un mundo cambiante que exige una nueva organización del trabajo, cambios en el mercado que suponen flexibilidad y adaptabilidad y un nuevo acuerdo social que regule al trabajo y su mercado – quedar fuera y vivir las penurias de estar sin una fuente de ingresos ha de requerir un culpable: otro que ocupa el propio lugar otrora protegido de cualquier amenaza. Este otro es el inmigrante pobre, competidor del trabajador nativo de escasa calificación, fácilmente reemplazable por estar más dispuesto a trabajar por poco dinero y renuncia a los derechos laborales, y adaptarse, ahí donde la empresa lo requiere, a añejas lógicas de producción taylorista-fordista que aun subsisten en, al menos, muchas partes del llamado tercer mundo.

Otro detalle a considerar es que el nacionalismo, y las fronteras entre países favorecen el actual desarrollo del capital a costa de las oportunidades de los asalariados, puesto que reduce su movilidad geográfica. La necesidad de disminuir la movilidad geográfica para reducir el costo de la fuerza de trabajo es una constante histórica. Antes más brutal que ahora, sigue cumpliendo igual que siempre su función. Si cada sujeto pudiera trasladarse de un país o región a otro, y estar en los mercados formales como cualquier nativo del lugar, sería más factible que subieran los precios de la mano de obra en países pobres y/o daría más solidez a los derechos del asalariado como ciudadano. El mercado informal, posiblemente perdería su razón de ser (como alternativa de adaptación y medio del sujeto de conseguir un puesto de trabajo para proveerse de ingresos cuando la institucionalidad formal no es capaz de absorberlo e integrarlo) si el sujeto asalariado pudiese, sin ser obstaculizado por fronteras entre Estados, acceder al mercado laboral que se le diese la gana. Pero, hoy en día es más fácil que entre a EEUU o a la UE un cajón de manzanas que un sujeto cualquiera del mismo país de origen.

Y mientras los sujetos se vean entrampados en esa dinámica, seguirán defendiendo el precio de su fuerza de trabajo con hechos brutales como los que hoy vemos en Sudáfrica y otros tantos que deben estar ocurriendo en muchos rincones del planeta sin que nos enteremos, situaciones en las que cada individuo, lejos de conseguir el bienestar particular, o colectivo, acaban defendiendo el interés de todo capital que basa su ganancia en mantener un determinado precio para cada tipo de fuerza de trabajo según la localización geográfica.

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Tema aparte: comento que me tomaré un pequeño receso de como dos meses, ya que mis obligaciones laborales y académicas me están superando. En Agosto volveré a escribir. Muchas gracias por las visitas y comentarios. Un gran saludo para todos.
Marcos.

sábado, septiembre 30, 2006

¿FLEXIBILIZAR EL MERCADO LABORAL??

Hace algunos días, el senador socialista Ominami propuso eliminar la indemnización al despido de mes por año trabajado señalando que eso motivaría la generación de empleo. Algo sorprendente, viniendo de un sujeto perteneciente a un partido de izquierda; aunque hoy por hoy, en una sociedad organizada principalmente – y cada vez en más aspectos – en torno al mercado, donde se instala un paradigma y modelo de sociedad que de a poco se va naturalizando, estas distinciones de izquierda/derecha pierden significado, pues los discursos (aceptables socialmente) se tornan cada vez más similares entre sí. No entraré en esos detalles ya que me interesa hacer un alcance en torno a lo laboral.

Lo curioso de esto es que el planteamiento de algunos socialistas (y quien sabe, tal vez de ese partido) en los temas laborales, comienzan a parecerse a los de la derecha o centro derecha francesa. Para ver esto, basta con revisar el caso del CPE (1) que causó tanto revuelo y protestas por parte de jóvenes universitarios franceses. Las palabras del senador socialista sacaron aplausos en la derecha chilena, y en algunos sectores de la coalición oficialista (2).

La defensa que se hace de esta idea de eliminar la indemnización de pago de un mes por año de contrato es el hecho de que la indemnización protege a un sector muy pequeño de trabajadores que gozan de contrato a tiempo indefinido (3) pues son cada vez menos los que gozan del contrato indefinido, porque muchas veces no se pagan las indemnizaciones puesto que el trabajador no tiene chance en un juicio legal para pedirla, y, el argumento principal, que es desincentivar la contratación de mano de obra y por ende, fomentar el desempleo. Si les parece conocidos estoas argumentos, bueno, es porque ese es el discurso empresarial. Naturalmente a los sindicatos (o lo que queda de ellos, porque las nuevas formas de empleo y contratación los han ido haciendo pedazos) no están muy contentos con esto. Recalcan la necesidad de defender el derecho a indemnización como factor de protección y que las acciones a seguir deben ir en dirección a garantizar el cumplimiento de la ley. El hecho concreto es que eliminar la indemnización es un paso en dirección de flexibilizar la relación laboral. En este caso, se trata de flexibilizar los mercados laborales, disminuyendo los compromisos que implica una relación contractual.

Al margen de la disputa originada por la doxa (4) empresarial expresada por los labios de Ominami, el tema no es nuevo en Chile. Desde los años ochenta es que se están instalando estas nuevas formas atípicas de contratación, las que podemos encontrar también en el resto del mundo. A mi parecer, el problema está en que el análisis de la realidad laboral se hace con conceptos del trabajo que ya no responden a ésta. El mundo del trabajo a cambiado y está cambiando, la relación salarial no es lago natural sino un producto histórico, y al parecer su tendencia es a desaparecer, puesto que respondía a un modelo económico keynesiano marcado por alto consumo, y una alta producción (una producción que se caracterizaba por ser masiva y de poco tipo de bienes) y gasto en que participaba una cantidad importante de mano de obra. El capitalismo se hace flexible y lo mismo ocurre con el mercado laboral. Estos cambios deben necesariamente derivar en un cambio en la relación laboral, por lo que dentro de no mucho tiempo tal vez no tenga mayor sentido hablar de relación salarial.

El desafío entonces está, a mi parecer, en la elaboración de nuevas formas de mirar teóricamente el mundo del trabajo, para dar cuenta de la realidad actual y de los cambios que nuestras sociedades están viviendo. Si el debate se sigue haciendo con conceptos añejos de la realidad laboral, que describen la realidad de los años 40 a 60 del siglo pasado, no habrá avances que valgan la pena, y los trabajadores se verán inmersos en una gran desprotección social. Todo periodo de cambio social importante en las relaciones económicas y laborales implica una fase de trabajador desprotegido. Pasó así en el tránsito de sistemas precapitalistas al capitalista, y así esta ocurriendo en este paso de capitalismo a capitalismo flexible, y la cuestión es lograr una regulación social de las relaciones laborales. Al menos pienso que es eso lo que nos interesa a todos.

Artículo relacionado:
PREGUNTAS SOBRE EL TRABAJO EN EL DÍA DEL TRABAJO



Notas
(1) Contrato de Primer Empleo.
(2) Para los que no viven en Chile, la coalición oficialista corresponde a la Concertación, que se compone, actualmente, por los partidos Demócrata cristiano, Partido por la Democracia, Partido Radical y Partido socialista. Esta coalición nace como oposición política de la dictadura de A. Pinochet, pero pocos años después, se desprenden de la misma los partidos Comunista y Humanista, que ahora se agrupan, junto a otros movimientos, en la coalición de izquierda Juntos Podemos.
(3) Lo que se llama una relación laboral normal, es decir, el clásico vínculo salarial, muy distintos de los tipos de relación laboral mal llamados “atípicos” que corresponden al empleo a honorarios, contrato a plazo fijo, subcontrato, y empleo informal, los que se caracterizan por su flexibilidad en distintos aspectos.(4) En términos de Bourdieu.

lunes, mayo 01, 2006

PREGUNTAS SOBRE EL TRABAJO EN EL DÍA DEL TRABAJO


Hoy, en el día del trabajo, quería preguntarme respecto al lugar que ocupa el trabajo en nuestras vidas. Los sindicatos han perdido la importancia social que tenían antes, tanto como mecanismo de expresión de demandas sociales y laborales, como lugar de reunión, construcción de identidad e integración social, entre otros. Parece ser que el trabajo como actividad pierde constantemente su función de realización para el sujeto, así como pasa a ocupar un lugar periférico en el desarrollo de su identidad, del yo, reduciéndose éste a un mero mecanismo de obtención de dinero. De ahí que cada vez más nos aproximamos a una especie de competencia todos contra todos, producto de la necesidad (tal vez ideológica) de adaptarse a un mundo cambiante de trabajos y economías cada vez más flexibles que exigen una constante adaptación a algo que, por lo mismo, nunca es del todo definido.

A raíz de lo anterior, con motivo de esta fecha, me pregunto. ¿Qué es trabajar hoy en día?¿Como se establecen los tiempos de trabajo y de reposo en un sistema de empleo que se hace cada vez más flexible?¿hay alguna forma de revitalizar los sindicatos, o de reconstruirlos pensando en el nuevo contexto de globalización de las economías?. Respecto a la situación de no trabajo (desempleo) ¿Tiene en verdad sentido sacrificar protección social a cambio de puestos de trabajo que no gozarán de estabilidad?¿Como se puede hacer frente a una incertidumbre que es creciente? Y es que la flexibilidad comienza a afectar a cada vez más sujetos. Al menos en nuestro país, ahora también entran en el juego las llamadas clases medias, que perdieron la seguridad que antaño (pre-dictadura) les daba el Estado. Siguiendo con las interrogantes, ¿Cómo afecta las nuevas condiciones del mercado de trabajo a la forma de percibir el mundo del sujeto y a la forma de vivir sus emociones, su vida emocional?

El trabajo, sea cuales sena las condiciones en que se de, influye mucho más en nuestras vidas que lo que podamos hacer en el mercado con el salario que de él podamos percibir. Por eso considero pertinente estas preguntas. Si no se regulan estas nuevas formas de trabajo, inevitablemente la incertidumbre irá formando parte de la vida cotidiana de los sujetos. Pareciera ser necesario construir un nuevo acuerdo social que permita regular las cambiantes condiciones asociadas a la globalización neoliberal (es decir, quitarle al menos algo de lo neoliberal) para no caer en un estado de anomia.

sábado, marzo 18, 2006

PROTESTAS POR LA LEY LABORAL EN FRANCIA


Masivas protestas se han desarrollado en Francia – y que algunos comparan con las de Mayo de 1968 – debido a la nueva ley laboral en Francia. La iniciativa del gobierno francés busca disminuir el desempleo en el país por medio de un aumento de la flexibilización del mercado laboral. La medida consiste en la creación de lo que se ha llamado Contrato de Primer Empleo (CPE), el cual contempla la posibilidad de contratar trabajadores jóvenes de hasta 26 años por un período de dos años y que permite el despido automático e injustificado de los jóvenes. Ignoro si hay previsión o algún tipo de protección de por medio, pero creo que no. Con esta ley, el trabajador francés y los residentes en Francia quedan desprotegidos y expuestos a la mayor incertidumbre. El marco legal fue aprobado por el parlamento francés, con el objetivo de reducir la tasa de desempleo (más de 20%) entre los jóvenes del país, una de las más elevadas en Europa.

Se genera entonces una diferencia entre los trabajadores jóvenes y los más antiguos que si contarían con efectiva protección laboral. Esto ha sido causa de protestas que han convocado a un importante número de franceses en todo el país, contándose 300.000 en París y un total aproximado al millón en toda Francia en las protestad del hoy (sábado 18-03-2006). La indignación es evidente, y el temor más aun. La medida apunta a flexibilizar aun más el mercado laboral francés. Y el temor existente es que la ley laboral permita abusos del empresariado francés a los trabajadores jóvenes, probabilidad latente al existir tal diferencia de poder y un desligamiento del Estado como agente protector y regulador de relaciones laborales.

Si bien es cierto, hace poco Francia enfrentó las violentas protestas de inmigrantes en suburbios de París y otras ciudades de esa nación, las protestas que actualmente hay no se relacionan con la anterior. Mas bien uno puede pensar (considerando lo que muestra la prensa) que el CPE apunta a mejorar, aunque no sustancialmente, la condición de jóvenes inmigrantes que buscan empleo. Ello porque una mayoría de los inmigrantes busca sobrevivir sin grandes expectativas de mejorar su situación si se les compara con los nativos del país. De este modo, una forma de administrar el problema dentro de los márgenes del capitalismo y de las demandas de la economía capitalista global que no atente en gran medida a los intereses inmediatos de la elite francesa es el CPE. No obstante, eso genera problemas con la población francesa poseedora de otra clase de destrezas más elaboradas y que se ubican en un sector del estrato social más privilegiados que el de los inmigrantes y población pobre. Afecta a los estudiantes universitarios que a futuro buscarán trabajo y que ven que ya no les estará asegurado, así tampoco el estilo de vida y certidumbre económico y social que normalmente tenían las posiciones sociales que ocupaban sus saberes.

Esta flexibilización del mercado laboral responde a la necesidad de reducir las tasas de empleo, pero se hace al costo de precarizar el empleo mismo puesto que ya no otorga los beneficios de antaño. La economía global a cambiado la lógica de producción capitalista y el modelo nacional desaparece para que las empresas actúen en todo el globo. La necesidad de minimizar los costos para permanecer competitivas hace que las empresas se desplacen a países donde la mano de obra es más barata (por ejemplo China e India) y eso ha hecho que muchas abandonen el continente europeo para irse a esas regiones donde los derechos laborales casi no existen y donde la explotación del trabajador se puede hacer a destajo. De ahí los crecientes índices de desempleo sobre todo en el grupo etáreo más joven de la población económicamente activa. Esta situación, el contexto de economía capitalista global afecta al modelo político-económico-social de Estado de bienestar, que se sustentaba en el desarrollo y fortalecimiento de un capitalismo nacional en que las empresas se ligaban más a la economía del Estado. Ese modelo parece estar cayendo en Europa y no se ven soluciones satisfactorias que permitan reproducir escenarios de democracia social en las naciones. Reflejo de eso es el CPE en Francia, y la población reacciona (bueno, los sectores que buscan defender sus intereses). Un duro desafío le espera al gobierno francés.

La ley de CPE desvincula al gobierno del problema laboral. Flexibilidad a cambio de empleo. Se cambia así calidad de empleo por cantidad, y es eso lo que no están dispuestos a aceptar los jóvenes franceses que tienen una trayectoria y posición social que no concibe la idea de supervivencia económica en sus cabezas, como si podría pasar en sectores más desfavorecidos de la sociedad francesa que conciben esa forma de vivir. No se trata sólo de desprotección sino de cambio negativo de estilo de vida y mayor incertidumbre. Posiblemente una perdida de poder político al disminuir con leyes como esa la capacidad de presión social. En términos bien gruesos se podría pensar que se trata de la reacción de un sector de la clase media francesa, de un sector asalariado no obrero que ve amenazado un tipo particular de vida y que, además, le toca experimentar en carne propia la transformación del portador de la fuerza de trabajo en mercancía. Me explico brevemente. Antes se vendía en Europa la fuerza de trabajo, pero el trabajador que la vendía poseía en su sociedad las instancias de reproducirlas satisfactoriamente, es decir, su condición de humano no era parte de la fuerza de trabajo que se vendía; ahora pareciera ser que la persona misma es parte de la fuerza del trabajo que se vende y por ende se vende formando, y viviendo en sí mismo ahora el sujeto, parte de la incierta dinámica del mercado en que si queda fuera está perdido y abandonado a su destino; en otras palabras, si antes sólo la fuerza de trabajo tenia un valor en el mercado y por ende era mercancía (que claro está no se puede separar del trabajador que la vende) ahora, además de esta, encontramos que la vida humana misma tendría un valor en el mercado el cual estaría dado por la disposición a comprarla que tenga un eventual empleador (hoy en día figura difusa), valor que estaría dado por la valoración de la fuerza de trabajo que uno posea. Ello explica la desprotección del trabajador y la creciente incertidumbre. La vida humana entra a la esfera del mercado, y el trabajo se está convirtiendo en mercancía de carácter desechable o al menos de poca duración. En Francia se está viviendo el dilema de la desprotección y de los cambios que la economía global trae a la vida social misma.

martes, diciembre 20, 2005

SOBRE DAR EMPLEO


¿Qué es eso de “dar” empleo? Muchos hablan a la hora de debatir en campañas presidenciales o discutir diversas políticas, de dar empleo. Es la frase favorita de algunos que incluso se llegan a declarar expertos. Pero la verdad es que no tiene sentido. Ello porque el empleo no es un objeto, beneficio estatal o privado, ni título de nobleza ni nada parecido, sino que es una relación entre dos sujetos que consiste en un acuerdo respaldado en un contrato legal o mediante otro tipo de vínculo (como boletas de honorarios, etc.) en que ambas partes se comprometen, una al cumplimiento de una determinada labor (empleado) y otra a entregar algo a cambio porosa ejecución de ese trabajo (empleador). Se trata de una transacción en que se vende mano de obra a alguien que tiene la posibilidad de comprarla. Naturalmente, se trata de una relación asimétrica. Incluso, aquel que dice dar empleo se puede pensar que lo quita (pues en un día de trabajo, el empleado produce más que lo que cuesta un día de su calidad de vida).

Dado lo anterior, el empleo no se da, se establece. Y las condiciones en la cual se establece esta relación entre empleado y empleador (relación a veces clara y a veces difusa por fenómenos como la subcontratación) dependen del grado de asimetría entre las partes. Mientras mayor calificación y capacitación posea la mano de obra que se vende y mayor sea su valoración en el mercado del trabajo, menor será la asimetría. Pero no deja de haber desigualdad en la relación. Otro factor que disminuye esta diferencia que hace más probable una negociación en el establecimiento de contrato es una intervención estatal decente. Es decir, la creación de leyes laborales dignas y la voluntad de hacerlas valer. Hoy en día, en Chile, esta asimetría es de carácter estructural ya que por un lado el sector empresarial tiene derecho a organizarse a nivel nacional, los trabajadores no pueden hacer lo mismo a nivel sindical, el sindicato se reduce a la empresa lo cual disminuye enormemente sus posibilidades. Por otra parte un desempleo que no baja del 8% (esto según cifras del INE) contribuye a hacer más difíciles las negociaciones.

Por ello se puede pensar que eso de “dar empleo” es una falacia, una mentira que pasa inadvertida y que está ideológicamente bien valorada por lo cual no produce cuestionamiento. El empleo ha pasado a ser una cuestión que se administra en la empresa. Otra forma de decir “dar empleo” es “crear empleo”. El empleo no se crea, se establece. Si bien es cierto, sin inversión difícilmente el empleador puede establecer una relación laboral con el potencial empleado, no se puede hablar de creación de empleo ya que la generación de este tipo de vínculo es consecuencia de la inversión (dependiendo del tipo de inversión la cantidad de vínculos de esta clase se creen). Y no es que alguien, de buena voluntad y buena onda, se dedique a “dar empleo” o establecer este tipo de vínculos.

La relación laboral es algo necesario para ambas partes. Como es asimétrica, una sale ganando más que otra. El empleo no se da, se establece en condiciones desiguales para las partes. Por lo tanto lo mejor que se puede hacer en cuanto al tema del empleo es generar las condiciones para que disminuya esta asimetría.

S invita al lector a echar un vistazo más detenido a las propuestas de creación de empleo o que proponen dar empleo como si fuera ello una obra de caridad de un benefactor de buen corazón. El empleo no es resultado de ningún buen corazón sino de la satisfacción de necesidades de las partes que establecen el vínculo, y que es tan desigual como una sociedad lo permita. Es eso y nada más que eso.