Hace algunas semanas se vio en las noticias los ataques xenófobos en Sudáfrica, cuyas víctimas, inmigrantes pobres de países vecinos, fueron presa de crudas manifestaciones de violencia. A este grupo de inmigrante se le culpa de los problemas sociales que enfrenta dicha nación, principalmente, el desempleo. Y esto ya es cuento viejo, pues vemos, aunque tal vez con manifestaciones diferentes pero no necesariamente menos despreciables ni violentas, lo mismo en Chile con la inmigración peruana, en EEUU con la inmigración latina, en Europa, con latinos y africanos, etc. Y es una constante que el tema eje de todo ello es la ocupación de puestos de trabajo, situación que al ser combinada con nacionalismo y elementos culturales e identitarios genera hechos de violencia en los que se olvida algo fundamental: independiente de la clasificación que se use, estamos hablando siempre de seres humanos. ¿Por qué se genera esto?
El inmigrante pobre, de baja calificación, suele ofrecer su trabajo por menos dinero que el trabajador nativo del lugar. También abarata su costo el hecho de que su venta de fuerza de trabajo se realiza en mercados laborales informales, donde los derechos y legislación laborales no se hacen presentes, o bien, en mercados formales con formas de contratación que le dejan al margen de beneficios sociales. Es por eso que los hechos de violencia se desatan en sectores más populares y no en otros.
Otro factor a considerar es que el trabajo es el mecanismo por el cual el sujeto se conecta a la sociedad. Ello se expresa, hoy en día en que el trabajo está organizado en torno a un mercado – en cada nación con alguna regulación particular, o sin ninguna – laboral. Sea formal o informal, es por medio de la venta de fuerza de trabajo en el mercado de trabajo donde cada sujeto accede a los bienes que le permiten vivir. De lo contrario, el sujeto queda condenado a la exclusión social, lo que hoy significaría quedar fuera del mundo del consumo.
Entonces – frente a un mundo cambiante que exige una nueva organización del trabajo, cambios en el mercado que suponen flexibilidad y adaptabilidad y un nuevo acuerdo social que regule al trabajo y su mercado – quedar fuera y vivir las penurias de estar sin una fuente de ingresos ha de requerir un culpable: otro que ocupa el propio lugar otrora protegido de cualquier amenaza. Este otro es el inmigrante pobre, competidor del trabajador nativo de escasa calificación, fácilmente reemplazable por estar más dispuesto a trabajar por poco dinero y renuncia a los derechos laborales, y adaptarse, ahí donde la empresa lo requiere, a añejas lógicas de producción taylorista-fordista que aun subsisten en, al menos, muchas partes del llamado tercer mundo.
Otro detalle a considerar es que el nacionalismo, y las fronteras entre países favorecen el actual desarrollo del capital a costa de las oportunidades de los asalariados, puesto que reduce su movilidad geográfica. La necesidad de disminuir la movilidad geográfica para reducir el costo de la fuerza de trabajo es una constante histórica. Antes más brutal que ahora, sigue cumpliendo igual que siempre su función. Si cada sujeto pudiera trasladarse de un país o región a otro, y estar en los mercados formales como cualquier nativo del lugar, sería más factible que subieran los precios de la mano de obra en países pobres y/o daría más solidez a los derechos del asalariado como ciudadano. El mercado informal, posiblemente perdería su razón de ser (como alternativa de adaptación y medio del sujeto de conseguir un puesto de trabajo para proveerse de ingresos cuando la institucionalidad formal no es capaz de absorberlo e integrarlo) si el sujeto asalariado pudiese, sin ser obstaculizado por fronteras entre Estados, acceder al mercado laboral que se le diese la gana. Pero, hoy en día es más fácil que entre a EEUU o a
_______________
Tema aparte: comento que me tomaré un pequeño receso de como dos meses, ya que mis obligaciones laborales y académicas me están superando. En Agosto volveré a escribir. Muchas gracias por las visitas y comentarios. Un gran saludo para todos.
Marcos.




