Chile ayuda a Chile

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viernes, agosto 25, 2006

PLUTÓN

Plutón es un cuerpo celeste que orbita alrededor del sol, su órbita está muy inclinada en relación a la orbita de los ocho planetas, y es mucho más elíptica lo que hace incluso que en determinados periodos se encuentre más cerca del sol que Neptuno (el octavo planeta desde el sol). Cuenta con una especie de satélite llamado Charon, el cual se encuentra a unos 20.000 Km. (1), son de tamaño parecido, y ambos orbitan alrededor del otro, o para ser más precisos, orbitan en torno a un punto centro como si estuviesen bailando todo el tiempo mientras orbitan nuestro Sol. Se encuentra a 39.5 UA (2) del sol, su periodo de traslación es de 249 años, una masa de 0.002 veces la de la Tierra, radio ecuatorial de 0.18 veces el de la Tierra, un periodo de rotación en el ecuador de 6.39 días y tamaño aparente de 0.04 segundos de arco. Plutón es un cuerpo helado.


Este cuerpo celeste fue descubierto por Clyde Tombaug el 18 de Febrero de 1930. Se supone que había descubierto un planeta. Y esa categoría denominaba hasta el 24 de Agosto de 2006 a ese cuerpo, hasta que los astrónomos han dicho que Plutón no es un planeta. Ahora sería un planeta enano, al igual que otros cuerpos del Sistema Solar – de dimensiones superiores – que se han descubierto. ¡¡Plutón ha dejado de ser un planeta!! O para ser más preciso, ha dejado de ser conceptuado y conocido como tal puesto que debemos tener presente que los cambios conceptuales de la ciencia no implican necesariamente cambios concretos en los objetos de estudio de la ciencia misma. Plutón sigue siendo el mismo de siempre, sigue orbitando por ahí como lo ha hecho siempre.


No hemos sido testigos de la pérdida de un planeta ya que el cambio conceptual supone que en verdad nunca lo fue. Pero lo que me parece realmente destacable es el efecto que puede tener el enraizamiento de una visión epistemológica determinada de las cosas. Los nuevos descubrimientos han creado la necesidad de reconceptualizar los objetos de estudio de la ciencia (en este caso, la astronomía), una consecuencia de cambios epistemológicos generados por los nuevos descubrimientos, la acumulación de conocimiento que exige que este vuelva a ser ordenado para que el mundo siga siendo fácilmente aprehensible y comprensible – dentro de lo posible – para el ser humano.


No se está degradando al cuerpo celeste que es Plutón. De lo que somos testigos es de un pequeño cambio epistemológico. A la luz de la acumulación de descubrimientos de nuevos cuerpos celestes en nuestro querido sistema solar, se ha resuelto un debate que llevaba algunos años de existencia (al menos yo recuerdo que desde que estaba en el colegio que ya se hablaba de esto), se ha concluido, a la luz de nuevos conocimientos, descubrimientos y una posterior reconceptualización de los objetos de estudios y una nueva forma de aprehenderlos y conocerlos, que Plutón no es un planeta, sino un planeta enano. Esto es interesante no sólo desde el punto de vista del desarrollo de la astronomía sino también o es desde el punto de vista de la posibilidad que hemos tenido de presenciar la culminación de un pequeño, pero importante, cambio epistemológico.


Ahora es de esperar que con el tiempo se termine por vencer la costumbre (muchas veces una barrera para la construcción de conocimiento), lo que siempre se ha enseñado y sabido para asimilar la nueva forma de ver el sistema solar, y los futuros cambios de la visión del mundo que esperan a otros saberes humanos. Y bueno, para no quedar con la imagen de planeta degradado, dejo este poema:

¿Planeta?
¿Simple Asteroide?

Tal vez sólo una roca helada
Y lejana
No importa qué es lo que es

Ni qué digamos que es
Pues sigue ahí

Dando vueltas

Sin dejar de bailar con nuestra estrella
A pesar de su distancia

Fijo está en la memoria
En el recuerdo de los que aprendimos su nombre

Antes que la ciencia pareciera lejana…


Artículos relacionados:
Plutón, de clásico a enano


Notas:
La imagen fue sacada de aquí
(1) La distancia promedio de la Tierra con la Luna es de 384.000 Km.
(2) Unidad Astronómica, corresponde a la distancia media entre la Tierra y el Sol, unos 150.000.000 de Km.

martes, febrero 28, 2006

ENVIDIA Y RESENTIMIENTO


Estas son dos realidades distintas que se tienden a confundir tanto a nivel conceptual como a nivel empírico y muchas veces se acusa a un sujeto de sentir una u otra cosa por otro. Yo no pretendo tener la última palabra al respecto sino tan sólo proponer una breve distinción que aspira proponer una forma de entender esta clase de manifestaciones.

El resentimiento es un sentimiento producido por determinadas injusticias que a sufrido el sujeto. Normalmente se trata de situaciones injustas a nivel social, caso paradigmático es el de la desigualdad social que se expresa en la desigual distribución del ingreso. El sentirse merecedor de buenas condiciones de vida y de igualdad en derechos (tomando en serio esta palabra, es decir, sin perderse en tecnicismos legales y/o ideológicos) y no vivir en igualdad sino darse cuenta que las oportunidades de desarrollo en todo sentido están desigualmente distribuidas es una situación que genera resentimiento. Es un sentimiento de injusticia que se refleja en su expresión simbólica que corresponde al sujeto “exitoso”, aquel que se ve beneficiado por la desigualdad a pesar que en tanto ser humano no se puede calificar como superior a otro ser humano. De este modo el resentimiento es un sentimiento negativo producto de una injusticia social y la rabia que genera es rabia hacia la situación y no odio hacia un ser humano específico, sino que la rabia está dirigida a los representantes de la desigualdad, que en una sociedad tienden a ser los que están en el lado privilegiado de la distribución de bienes (pueden ser materiales, como los ingresos así como afectivos, por ejemplo el desigual cariño que pueden sentir y/o expresar los padres por sus distintos hijos). El resentimiento es uno de los efectos corrosivos que tienen las desigualdades e injusticias sobre el ser humano como sujeto así como sobre la comunidad o sociedad

Por otro lado tenemos la envidia, que, pese a ser en sus efectos y manifestaciones idéntica al resentimiento, se trata de otro sentimiento negativo de naturaleza muy distinta. La envidia no es resultado de la injusticia ni de relación social negativa alguna. Es una suerte de desprecio por el otro por lo que tiene el otro aunque sea de su misma condición. Se trata de un sentimiento negativo hacia la persona específica, no hacia la situación que se pudiera considerar injusta. Y es precisamente porque la envidia no es resultado de la injusticia. La envidia es, en parte, resultado de la confusión del tener con el ser, confusión que lleva a pensar que aquello que uno tiene (por ejemplo un bien material como puede serlo un automóvil así como un bien no material el cual puede ser una determinada habilidad socialmente valorada) es parte de lo que uno es. Pues se envidia el ser, es un antónimo de la admiración. El sujeto que envidia tiene instalada en su mente la idea de que existen seres humanos superiores a otros en esencia y es aquella supuesta superioridad lo que se envidia. Se olvida que las virtudes son una expresión de lo que se es y que un ser humano como totalidad de virtudes y defectos no se puede considerar superior a otro (aunque sí muy distinto, y esta situación no impide que uno sienta preferencias por una determinada configuración de virtudes por sobre otra). Otro componente de la envidia es la disconformidad con uno mismo.

Tanto el resentimiento como la envidia se presentan muchas veces juntos ya que los componentes que la generan o que permiten su existencia como sentimientos (siempre negativos) se presentan muchas veces juntos, es decir, se producen a la vez situaciones injustas para sujetos que confunden el ser con el poseer. El resentimiento es resultado de una relación social, es, podría decirse, un fenómeno social ya que su existencia se basa en determinados tipos de relaciones al interior de una comunidad o sociedad, en cambio la envidia en más individual, no requiere ni se basa en relación social previa, es un elemento de la psiquis humana y se manifiesta a pesar de que todo esté bien y en orden. A raíz de lo anterior es que es muy fácil confundir uno con otro.

jueves, enero 19, 2006

SOLIDARIDAD Y CARIDAD


Muchas veces se dice que los chilenos somos solidarios, que los chilenos son solidarios. Esto a mí me parece al menos cuestionable. Eso porque estas ideas nacen siempre en situaciones de catástrofe y desastres naturales donde se convoca a la gente a ayudar. Ejemplo de ello son los estragos que causan las lluvias. Se arma todo un montaje, periodistas nadando en las calles y múltiples llamados a ayudar a los cuales acuden unos cuantos después de ver cinco horas de imágenes de inundaciones en la televisión. Y la ayuda que llega en buena medida corresponde a ropas sumamente vieja, calcetines guachos (sin el par), etc. así como también vestimenta en buen estado. Se acaba la exposición del desastre y se detiene el impulso supuestamente solidario. La misma lógica sigue los trabajos de verano, las protestas estudiantiles, etc. No hay para qué dar más ejemplos.

¿Qué ocurre entonces? Ocurre que se confunde solidaridad con caridad. Y no es lo mismo. La primera es una virtud, la segunda no lo es. La caridad es el sustituto de la solidaridad para las grandes masas. No es un asunto de comunidad, ni posee un carácter integrador. Para que haya caridad, no es necesario que haya comunidad, en cambio para que exista solidaridad si es necesaria la comunidad y el sentimiento de pertenecer a una comunidad y una identidad social.

La solidaridad es un sentimiento positivo en que se reconoce la existencia de comunidad y de igualdad en tanto miembros de un mismo grupo. Por otro lado la caridad es un mecanismo funcional para las sociedades pues permite la reproducción de determinadas condiciones de existencia y de un determinado orden social, es un mecanismo que favorece el statu quo ya que inhibe los cambios sociales. La caridad es un mecanismo complementario a la distribución de los recursos de la sociedad, es una forma de distribuir los recursos que no reemplaza a la original sino que funciona en combinación con ella (en el caso de las sociedades occidentales actuales, el distribuidor de los recursos es el mercado) a la vez que legitimándola. En la sociedad chilena la distribución de sus recursos se da en el mercado. Así ocurre en toda sociedad capitalista. Y los huecos que no cubre el mercado los cubre la caridad. La caridad no exige dar hasta que duela.

Dado lo anterior, la caridad no genera integración social ni comunidad ni nada parecido. La caridad crea la sensación de conformismo legitimando la lógica excluido/no excluido consolidando el orden social vigente. La caridad mitiga los efectos de las injusticias sociales, que generan mecanismos de distribución de recursos poco eficientes, cuan si fuera anestesia.

La caridad se hace necesaria cuando se masifica la sociedad y la diferenciación y especialización existente al interior de la misma genera disgregación y disociación de intereses de las personas. Es lo único que tiene una sociedad atomizada donde la relación vinculante predominante es la relación de mercado. En el caso de la sociedad capitalista la caridad está en la periferia del mercado (el mundo e instancia de convivencia en nuestras sociedades) para los que muchas veces están “fuera del mundo” (de la posibilidad de acceder al mercado)

La solidaridad es distinta. Ella sí exige dar hasta que duela. Por eso es también más complicada y escasa. La solidaridad supone la existencia de una comunidad, de un compartir una identidad y de sentirse habitante de un lugar. Implica inevitablemente empatía con el otro con quien se es solidario, con quien se solidariza. Supone igualdad, sentimiento de igualdad. Y es mucho más que un simple mecanismo. Cuando se extiende el sentimiento de solidaridad hay posibilidad de cambios sociales (esto no quiere decir que sólo con solidaridad se hacen cambios sociales. No se pretende aquí hacer una “oda a la solidaridad” ni suponer que es la respuesta a todos los problemas de la humanidad). El sentimiento de pertenencia a un grupo o lugar fomenta la acción solidaria. Por otro lado, la solidaridad no es necesariamente funcional al mecanismo oficial de distribución de recursos de la sociedad y fomenta una distribución más virtuosa de los mismos ya que no genera motivación ni valoración de aspectos como la acumulación de bienes. En fin, es una virtud, es más que un mecanismo funcional.

A fin de cuentas uno es solidario con los que considera iguales a sí mismo y es caritativo con aquellos que considera inferiores y distintos a sí mismo. Solidaridad para los iguales y caridad para el inferior, esa es la lógica que explica las diferencias cuantitativas y cualitativas entre la ayuda que se da a unos y otros. No hay escasez de caridad, sí de solidaridad, por lo que es esta última la que se debe fomentar.

miércoles, enero 11, 2006

ALGO SOBRE LA IDEA DE AMISTAD


Sobre esto no se reflexiona mucho, pues no es un tema que concite polémica por divisiones políticas ni nada por el estilo. Sin embargo, me parece que existe cierto resquemor a hablar sobre estos asuntos. Personalmente he tenido muy pocas oportunidades de dialogar con amigos al respecto. Y es que con los últimos que uno se puede imaginar hablando sobre la amistad es con los amigos (no digo que sea imposible e inviable, sólo que es complicado). Ello porque decirle a un amigo que para uno la amistad es X implica el riesgo que el receptor la conceptualice como Y con lo cual quede “poco conforme” por decirlo de algún modo, con la apreciación que tiene uno de él o ella.

El tema de la amistad se torna delicado porque este término no tiene un significado definido socialmente hablando. Con justa razón, nadie se quiere hacer cargo de ello. Y es que existe siempre el peligro de encerrarse en el concepto (muchos caen en esa trampa). En muchas ocasiones son los conceptos los que determinan la visión del mundo cuando lo ideal es que haya una relación constante y bilateral entre hecho o fenómeno y concepto.

En fin, cuando uno no está seguro de la fortaleza de los lazos de amistad que le unen con otros sujetos que evalúa como amigos, poner este tema en la mesa puede ser visto como problemático. Pues a nadie le gusta enfrentarse a las incertezas, las cuales siempre se procuran esconder para evitar alterar un actual estado de cosas que hace que sintamos la situación como conveniente o al menos cómoda. Y el tema de la amistad no es excepción. Pues el concepto de amistad es de carácter difuso. Todos sabemos que es una palabra con una carga valorativa de carácter positivo, y existe en la sociedad (y tal vez humanidad) una idea vaga compartida que apunta más o menos en una misma dirección. Pero es sumamente extraño encontrar a alguien que se aventure a proponer un significado para esta palabra.

Lo que aquí pretendo es proponer una definición para el concepto de amistad (esperando que ninguno de mis amigos que la lea se sienta minusvalorado o algo así) que en ningún caso es algo acabado. Sólo es el resultado de una reflexión. En este caso, a diferencia de lo que es usual, no me pregunté “¿Quiénes son mis amigos?”, es decir, no me centré en cómo los demás son conmigo ni anduve juzgando a las personas que conozco para ver si son amigos o no, pues hacía eso antes (cuando era más pequeñin) y me di cuenta que no tenia resultado. Por o anterior me pregunté “¿de quién soy amigo?”, o sea, reflexione a partir de mí mismo y mi relación con el mundo. Eso me dio un resultado que he juzgado más satisfactorio. Y creo que la gracia del concepto que propongo supera la concepción dicotómica amigo/no amigo que se maneja comúnmente.

Dicho lo anterior, mi propuesta es la siguiente:

Amigo/a: Se trata de una relación afectiva, de una profundización de la amistad marcada por circunstancias y vivencias comunes dadas ya sea por vivencias excepcionales y/o por vivencias de la vida cotidiana que moldean dicho vínculo. Las siguientes son las dos características que – ambas juntas y no una por si sola - definen a un amigo.
· Persona con la cual objetivamente puedes contar en situaciones, momentos o procesos determinados en la medida que las circunstancias concretas de la vida cotidiana de ambos lo permita.
· Persona en la que mi percepción subjetiva de la misma me indica que puedo contar en situaciones, momentos o procesos determinados en la medida que las circunstancias concretas de la vida cotidiana de ambos lo permita.

Amistad: Sentimiento positivo de magnitud variable que se expresa en acciones positivas para el receptor y que genera satisfacción emocional en el emisor. Es el sentimiento que lleva al sujeto a hacer de amigos. Entre sus propiedades se encuentra:
· El ser una tendencia en el ser humano, aunque de carácter moderado y fácilmente neutralizable por otros aspectos (prejuicios, etc.).
· Se da en un contexto previo de sentimiento de solidaridad, marcado por situaciones de vida común, formas de pensar común, etc.
· Es la antesala de una relación de amigos. Es condición necesaria pero no suficiente para aquello. Es decir, la amistad no es un sentimiento exclusivo de los amigos.
· Existe en distintos tipos y con distintas duraciones, siempre asociada al concepto donde esta se desarrolla

Se agradecen todos los comentarios ya que contribuyen a mejorar esta propuesta.

sábado, diciembre 31, 2005

DESCARTANDO MITOS: CHILENO/A SOLIDARIO/A


A muchos sorprendió ver en las noticias el caso de la señora que mandó, supuestamente, 500 cartas al viejo pascuero para que le llegaran regalos, y el posterior desfile de vehículos de personas bien intencionadas que iban a dejar dicho regalo de acuerdo a lo planificado por la campaña solidaria que hace Correos de Chile. De acuerdo con lo que se describía en los noticieros de TV, pareciera que al viejo pascuero se le hizo un hoyo en el saco justo cuando iba pasando por ahí y cayeron más regalos de los que debieron haber caído. A ese hogar se le apunta con el dedo como la gente fresca que se aprovecha de la solidaridad de los chilenos. Con esto yo estaría de acuerdo sólo con la parte de “la gente fresca” que aunque es bueno que reciban la sanción moral de la comunidad, puede ser excesivo una “cacería legal” ya que es primera vez que se da un hecho de tal magnitud.; pero pienso que no se puede decir que los chilenos sean solidarios.

Pienso que este hecho de las cartas al viejito pascuero es lamentable así como curioso. Curioso por el hecho del despliegue de creatividad que supone escribir más de 50 cartas distintas con peticiones, y la voluntad de gastar tiempo, lápiz, papel y, quizás, sobres también, lo cual supone que se puede tratar de una inversión más que simples peticiones. (Ah, no es que falte un cero – al número 50 - y haya tipeado mal el número, pienso en 50 cartas, considerando que este tipo de informaciones, que se transmiten de persona a persona y que luego llega a la prensa, se ve afectada por un grado de exageración propio de la idiosincrasia nacional, el cual debe haber hecho que se dijera que fueron 500 las cartas escritas). Algunas cartas iban con fotos y todo. Harta elaboración. Y hartos regalitos. Y seguramente hubo muchos que deben haber pensado “como no se me ocurrió a mí” o “por qué no me atreví a hacerlo” o “al próximo año haré lo mismo pero más ‘piola’ (discretamente) pa’ que no me cachen (descubran)”. Pero creo que esto es lamentable ya que esto puede entorpecer campañas solidarias y caritativas de este tipo. Ello porque el chileno no es solidario como lo quiere establecer el mito. Eso de la solidaridad de chileno es mentira, una gran mentira que quien sabe de donde salió y que se ha instalado ya en la cabeza de harta gente en nuestra sociedad.

La extrañamente llamada “solidaridad del chileno” es una tendencia muy débil y tenue a ayudar a otros que se encuentran en una peor condición de existencia que la propia, tendencia que es activada tras fuertes campañas de concientización y posesión de una determinada virtud (en este caso, solidaridad o caridad disfrazada de solidaridad, así como el patriotismo – suponiendo en este caso que es virtud – u otro sentimiento noble o ‘humnao’). Es como la llama de un fósforo que hay que proteger del viento y que dura tan poco que debe ser encendida una y otra vez según los requerimientos de las circunstancias. Si los chilenos fueran solidarios no sería necesario que todo el tiempo alguien nos estuviera reafirmando esa característica. En Chile, la solidaridad es un bien bastante escaso y por eso hay que cuidarlo y eventos como el lote de cartas de una misma caza al viejo pascuero pueden afectar con aquello, aunque algunos digan que no (por el hecho de creer en el mito del chileno solidario).

El mecanismo de activación de solidaridad o caridad se pone en marcha en situaciones de catástrofe o en campañas de solidaridad que cuentan con la legitimación de la sociedad y con cierto prestigio social como son el caso de la Teletón y algunas que organiza el Hogar de Cristo, las cuales si fuesen organizadas por otra institución no tendrían el mismo éxito. Este mecanismo consiste en un gran marketing social que busca sensibilizar a la gente. Como no basta con ver una vez el sufrimiento se hace una exposición reiterada del sufrimiento de la gente (por ejemplo, cuando hay inundaciones). Sin ese marketing social y sin ese bombardeo excesivo de información mezclado con frases que invitan a la solidaridad, emitidas por referentes válidos para la sociedad (en este caso actores de televisión, algunos deportistas y farándula en general), mensajes que buscan que se tome conciencia y así movilizar a la gente para la ocasión. Eso sí, en estos mensajes que son coyunturales se hace, tímidamente, una reflexión que concluye que la ayuda debiera ser sostenida y no sólo para estas ocasiones. Se muestra sistemáticamente el daño físico y emocional. En la mayoría de la población esto despierta la caridad de la gente pero no la solidaridad. Ello porque uno es solidario con los que considera iguales, con el resto es caritativo. Y lamentablemente se confunde la caridad con la solidaridad. Ninguna campaña’solidaria’ de las que se hace en nuestro país deja la idea de que como seres humanos somos todos iguales, no es este el valor que se transmite, sino mas bien que hay que ayudar al otro ‘distinto de uno’ que es desafortunado, pobre, etc. (cualquier característica o concepto que implique alguna forma de inferioridad). Pero no profundizaré más en ese aspecto por temor a irme por las ramas. Volviendo a lo de la solidaridad del chileno, en nuestra vida cotidiana podemos ver que es un mito, por ejemplo cuando viajamos en micro y vemos como todos andan a empujones para poder subirse o en su interior nadie cede el asiento a quien lo necesita usar o no facilitan el paso de quien desea bajar, o en la calle cuando alguien se cae nadie le ayuda a pararse o el típico automovilista que le echa el auto encima a uno. Ejemplos hay muchos y sólo hace falta una pequeña revisión. Son escasas las personas que buscan ayudar a otros, que se mueven de forma solidaria sin mediar campaña o con escasa exposición a material informativo (sin sensacionalismo) que de cuenta del sufrimiento ajeno. Son pocos que ven en otro ser humano un similar por su condición de ser humano (yo debo reconocer que soy parte de la gran mayoría que carece del sentido de la solidaridad, sin embargo, esto no me inhabilita para hacer análisis sobre la solidaridad).

Es por el hecho que el chileno en general no tiene nada de solidario (tal vez hay varios chilenos caritativos) salvo pocas excepciones, que el abuso de campañas solidarias de alguien que se dio el trabajo de pensarlas y planificarlas, así como de conseguir apoyo para su ejecución, las puede afectar, pues hay que considerar además, que en Chile, sobre todo en las ciudades, las personas son bien propensas a la desconfianza, la cual siempre conspira contra la buena fe que alguien pueda albergar en sí mismo. El aprovechamiento indebido de este tipo de iniciativas afecta a la poca solidaridad que hay en el país así como a los esfuerzos por activarla. Cualquier justificación para no ser solidario se adopta con gran facilidad. Por ello esta delicada tendencia leve a la solidaridad debe ser cuidada y la comunidad ha de ver en estos momentos como se restaura la confianza, si es que le interesa. En otras palabras, hay que cocer el agujero en el saco del viejito pascuero para que todos los regalos puedan ser compartidos a quien corresponde; porque la solidaridad, en una sociedad capitalista como en cualquier tipo societal, es uno de los mecanismos de redistribución de recursos e ingresos. Alterar estos mecanismos, sobretodo cuando son escasos, afecta al buen funcionamiento de la sociedad, tejido de redes sociales, establecimientos de relaciones de confianza, etc. ya que se niega la igualdad por el hecho de ser humanos, el sentimiento de igualdad que implica el sentirse perteneciente a un grupo y la idea misma de comunidad.

Concluiré diciendo que la solidaridad, en este caso, implica no sólo dar a quien no tiene sino también permitir que llegue a todos los que no tienen porque se basa en la idea de igualdad.