Chile ayuda a Chile

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viernes, junio 23, 2006

DESAPARICIONES MISTERIOSAS

EL CASO DE LOS LIBROS

En Chile ocurre un fenómeno muy particular, con la cual inauguro esta nueva sección de mi blog, los Expedientes X (copiando el nombre de la conocida serie). El fenómeno misterioso al que hago referencia es la misteriosa desaparición de los libros en nuestro país. Ello ocurre cuando prestamos un libro. Uno presta un libro a un amigo o familiar, sabemos a quien se lo entregamos y creemos saber cuando volverá. El libro se va… pero nunca vuelve… No sigue el libro la trayectoria lógica de un objeto que fue prestado. ¿Por qué ocurre esto?¿Por qué nadie devuelve los libros que les prestan? ¿AH?

Parece ser un detestable rasgo cultural de nuestra nación, al menos de los sectores urbanos, donde he tenido la oportunidad de observar este curioso acontecimiento. Otro hecho curioso es que la probabilidad de ocurrencia tiene una proporcionalidad inversa a la edad del sujeto a quien se le presta el libro, es decir mientras más jóvenes, más probable es que desaparezca el libro que hemos prestado. Algo hace que un sujeto que no acostumbra a robar se comporte como si fuera un ladrón; surge la necesidad – sin razón aparente o distinguible a simple vista – de retener lo prestado y no devolverlo.

Lo misterioso de este caso es que el valor simbólico del libro es Chile es cada vez menor. Su apreciación depende de criterios de mercado (es decir, cuán masivo es su consumo y qué calidad de marketing se hace de él) y no representa, como antaño, un símbolo de estatus. ¿Qué hace entonces que surja este impulso de retener un libro que no es propio? Es como si en nuestra cultura se formara una especie de “Triángulo de las Bermudas Cultural” donde por alguna razón existe una distorsión del comportamiento social del sujeto en el cual se produce tendencias a actuar no acordes con la normalidad de entorno sociocultural del sujeto. Esto se ve en el hecho de que uno puede prestar otras cosas con probabilidad de devolución altas, pero no ocurre así con los libros. Lo sorprendente es que esto ocurre cuando uno presta libros a amigos (nadie se lo prestaría a un desconocido, por cierto).

Más allá de sospechas de distorsiones de comportamiento, misteriosas “zonas culturales que no responden a las normas morales o culturales habituales existentes en una sociedad determinada (en este caso, la chilena), gestación de una cultura de no respeto de la propiedad ni del prójimo (considérese que se trata de hacer algo que significa un perjuicio a un amigo), transmutación del significado de la palabra “prestado”, o cualquier cosa que se nos pueda ocurrir, no tengo pruebas contundentes que me permitan llegar a la verdad. Toda pista o aporte teórico que me puedan proporcionar es muy bienvenido. Por lo mismo se puede decir que este es un expediente X, o artículo X.

Mientras no encuentre solución a este problema, creo que me comportaré, con los libros y otros objetos que sufren esta circunstancia, como un huevón cagao (1), salvo con aquellos que sí devuelven aquello que se les presta de manera responsable.


Nota:
Similar ocurre con los CD de música y juegos, aunque su naturaleza es levemente diferente. Tal vez lo trate en otro “artículo X.
(*) Las fotografías del perro y los libros son mías.
(1) en este caso, el modismo chileno hace referencia a una persona que no suele prestar sus cosas, de actitud egoísta; amarrete; que no da ni presta nada; etc.

10 comentarios:

Alvaro Román C. dijo...

Yo suelo no ser cagao, sino excesivamente cargante mientras presto mis libros. Preguntas del tipo ¿Tú me tienes tal libro? o ¿Te ha servido el material? parecen crear una condicionante psicológica a la devolución. Y curiosamente, quien más problemas me ponde para devolverme libros es mi padre...

Saludos.

Alvaro Román C. dijo...

Otra solución es crear un blog, mostrárselo a los amigos, esperar que lo visiten constantemente y publicar una lista negra.

Patricio Padilla Navarro dijo...

sip de acuerdo con alvaro, además el tema de la no devolución muchas veces no es por ser mala gente sino por ser despistado.

(con orgullo digo que soy despistado pero devuelvo libros justamente porque este fenómeno X me vive ocurriendo, siempre anoto los libros pero cuando no lo hago copero)

saludos
PD: el miercoles llego a stgo al encuentro de comunicación de la mayor, oajal nos veamos

La hormiguita dijo...

Qué gran artículo sobre una temática que estimo universal. Posiblemente, estos individuos que no devuelven los libros prestados, constituyen una forma personalizada de los llamados "agujeros negros". Un saludo.

Jubal dijo...

Una vez oí que "tonto es quien presta un libro, y más tonto el que lo devuelve". No sé si será verdad, pero en tal caso, yo puedo pecar de tonto, pues me alegra que alguien lea un libro que yo he leído, y si no lo devuelve, sólo espero que un tercero también pueda leerlo... (al fin de cuentas, para que se quede en mi biblioteca durmiendo el sueño eterno...)

Marcos dijo...

Hola Alvaro. Respecto de ser cargante para crear una respuesta psicológica (me parece que una especie de reflejo condicionado tal vez) es buena la idea, pero hay en esto de no devolver una cuestión de respeto; y... ¿por qué uno es quien se tiene que molestar al prestar un libro u otra cosa? A quien recibe el préstamo le corresponde preocuparse de devolverlo a tiempo. Es cuestión de responsabilidad.

Hola Patricio. Yo tambien soy perteneciente orgulloso del club de los despistados (y a veces peco de exceso en ese sentido), y en tu comentario demuestras que esa no es excusa para no devolver nada. Muchas gracias por el dato del encuentro sobre comunicación, me temo que no podré ir ya que estoy con harto que hacer para la U :(. Y últimamente no he sido dueño de mis tiempos lo cual me ha descompensado.

Hola Hormiguita. Esa idea de agujeros negros me parece bien buena para describir el asunto, pues desaparecen los libros y además dejan de circular.

Hola Jubal. Yo creo que la primera parte del dicho es cierta hoy en día: "tonto es quien presta un libro..." Pero "más tonto el que lo devuelve" no lo creo, ya que el que lo devuelve gana un poco de confianza respecto de quien lo presta y puede pedir prestado nuevamente confianndo en que la probabilidad de que le digan que 'sí' es mayor que la primera vez. Por otro lado, me temo que los libros que uno presta y no son devueltos tienden a quedar estancados acumulando polvo en algún rincón de la morada del patudo quer no los devuelve.

Muchas gracias a todos por sus visitas y comentarios. Que estén muy bien

Cristy dijo...

como diriamos en mexico, pendejo es quien presta un libro pero mas pendejo quien lo devuelve!

que loco vdd, nos falta cultura

Soy.una.Quijote. dijo...

jajjaa, bueno en realidad es simpatica la forma en que plantiaste el tema, pero a la vez muy cierto, pues yo aun espero los que prestè...
bye

Marcos dijo...

Al parecer es como Cristy dice. Pero esos vacíos es bueno denunciarlos si queremos generar cultura (o al menos actitudes que permitan el desarrollo de la confianza. Yo vivo el mismo problema que la Quijote, también espero libros (y otras cosas) prestadas hace harto tiempo. Por mi parte no creo que sea tontera devolver un libro, pero al parecer si lo es prestarlo. y si me pico mucho, tal vez siga el consejo de Alvaro de hacer una lista negra....

Que estén muy bien

Kala dijo...

Hace tiempo que no pasaba por aquí... y debo decir que amé este artículo, me recordó dos frases increíbles que escuché hace tiempo, el problema es que no recuerdo quién me las dijo:

1.- "en el mundo hay dos clases de idiotas: los que prestan los libros y los que los devuelven"
2.- "los libros son rencorosos, cuando uno los presta se enojan y después no quieren volver"

Sea como sea, todos tenemos a alguien que nos debe algún libro, en lo personal creo que ya he cooperado con valiosos ejemplares y sin duda cooperaré con varios más en lo que me queda de vida, pero está bien... o sea, en un país donde la gente no lee, si alguien te pide un libro y no lo devuelve, al menos puedes tener la ilusión que no lo devolvió porque lo leyó y le gustó o porque aún no lo ha leído pero lo hará algún día, así que más que sentirse mal porque no te devuelven los libros, puedes mirarlo desde la perspectiva que estás contribuyendo a que este país la gente lea un poco y, si bien no comprenderán lo que leen, al menos podemos esperar que mejoren su ortografía del orto (perdón, eso no es muy de señorita que digamos pero de que es verdad, es verdad)...