domingo, junio 28, 2009

VER

No me interesa
como me veo
solo quiero
verme



miércoles, junio 03, 2009

POEMA DE LA FANTASÍA

¿Qué es la fantasía?

La fantasía es como la realidad
Quizás parte de ella
Pues ahí,
En ese lugar
Hay sitios donde esconderse
Y la oportunidad de prosperar

¿Y los sueños?

Son parte del mundo real
Están aquí
No son algo únicamente del dormir
No acaban al despertar
Ni describen un espíritu al vivir

Se trata de un lugar
Un mundo
Junto a ti
En el que puedes quedarte
Aquí
O puedes despegar
Para ir allá
A donde tú quieras llegar…

martes, mayo 05, 2009

EL PODER DE UNA PELOTA


Este verano que recién pasó felizmente pude hacer un buen viaje. El itinerario incluyó nuevamente un paso por Bolivia, esta vez, con destino al amazonas boliviano como un primer paso. Aquel lugar fue escenario de una importante experiencia, que es la que a continuación voy a relatar.

Me encontraba con Felipe y Javier, amigos y compañeros de viaje, en un hospedaje en la Paz, cuando noto que hay algo bajo mi cama, que parecía asomarse muy tímidamente. Se trataba de una pelota. Javier, más futbolero – yo no soy muy apegado a ese deporte – me dijo que era bastante buena. Contento, decidí conservarla.

Un par de días más tarde tomamos un tour que partió de La Paz y cuyo destino final era el turístico y tropical Rurrenabaque. Por un accidentado camino de tierra nos desplazamos hasta Teoponte, donde tomamos un bote en el cual nos trasladamos por el río Kaka hasta el final del recorrido. El intenso recorrido por el río contaba con tres paradas, una de ellas para pasar la tarde y dormir, en un terreno ocupado por una comunidad compuesta por – estimo – 6 o 7 familias. Aquí tiene lugar el extraño suceso.

Llegamos el grupo de turistas, y las carpas fueron instaladas en un sector entre el grupo de modestas construcciones que habitaban los integrantes de dicha comunidad, por un lado, y la selva, por el otro. Inevitablemente los tres nos sentimos invadidos por el extraño sentimiento que implica la irrupción casi forzada a un lugar. Y es que los tour suelen estar organizados de manera tal que predomina un criterio en el cual pareciese que el pagar hace al cliente automáticamente merecedor del derecho de invadir un lugar del cual no se es parte, del cual ni siquiera se es un invitado; se asume, desde la lógica de tour, una mirada vertical, donde el turista mira de arriba hacia abajo a sujetos con extrañas y “primitivas” costumbres objeto de una curiosidad que muchas veces se torna desdeñosa. El lugar y sus moradores se convierten en objetos de entretenimiento.

Así, como turistas, como gente que pagó por visitar un lugar, sea o no la intención que uno tenga, inevitablemente adopta los actos de un pedante y prepotente (que se pueden mitigar con un poco de criterio) que siente derecho de observarlo todo cuanto sea posible: las casas, las ropas, los espacios abiertos, la intimidad de los habitantes, de manera casi obscena. Por respeto y pudor no puse mis narices en todas partes. Y es que si se metiera un extranjero que no conozco a sacar fotos hasta al baño de mi casa, seguro que no me aguanto las ganas de correrlo a patadas. Así transcurrió la tarde, interrumpida por un paseo por la selva para pescar pirañas inexistentes.

Mas o menos una hora antes de ponerse el sol, Javier me sugiere que juguemos con la pelota. La saqué de la carpa que me habían destinado y segundos después de ponernos a jugar, comienzan a aparecer niños curiosos, unos más tímidos que otros, algunos de los cuales no habíamos visto hasta entonces. Les invitamos a jugar a medida que iban apareciendo. Formamos equipos. Comenzó el juego. Correr, caerse en la resbalosa superficie lodosa que formaba parte del terreno de la improvisada cancha, reírse y hacer tonteras fue lo que hicimos todos hasta poco antes de comer. Y todo cambió…

De pasar a ser una presencia ajena, turistas indiferentes invadiendo el lugar y la intimidad de las costumbres de quienes lo habitan; de ser parte de un grupo de sujetos molestos que están ahí porque han pagado con dólares o moneda local un tour que les ofrecía alojarse junto a una comunidad; en fin, de ser invasores, pasamos a ser amigos de la gente, de los niños principalmente, quienes después no se despegaban de nosotros dos y se mostraban, tras el partido, mucho más comunicativos. Nos convertimos, como si hubiésemos sido partícipes y/u objetos de un mágico y misterioso proceso alquímico, de invasores a invitados, de individuos a quienes se les miraron recelo a sujetos dignos de confianza. De gente extraña de la que se espera se larguen luego a amigos cuya partida se ve con un dejo de tristeza. Una pelota fue lo que hizo posible un vínculo entre seres humanos. Y claro, los niños, quienes cuentan con una increíble capacidad de entregar mucho afecto y cariño a la menor consideración y estimulación que sintonice con aquellos nobles sentimientos positivos, y que por diversas razones van perdiendo en el camino a la adultez.

A la mañana siguiente, antes de subirnos al bote para continuar nuestro camino, jugamos nuevamente. Esta vez Felipe se sumó, al igual que otros dos turistas estadounidenses, de quienes nos hicimos bien amigos. El alcance que tuvo el ponerse a patear una pelota con mayor o menor estilo (pido disculpas a los futboleros por este reduccionismo) se extendió un poco. Y quien sabe cuanto más si hubiese habido más tiempo disponible para observar el extraño suceso y conocer más a los niños, y a sus padres posteriormente.

La pelota se quedó allá, como era de esperar, pues allá sólo tenían una de basketball algo desinflada con la que jugaban los adultos, y a pie descalzo. Nosotros también descalzos pero no hay comparación. En fin, la cosa es que ese balón se quedó allá. Es obvio que lo iban a aprovechar más que cualquiera. Y bueno, supongo que aún existe esa pelota.

martes, agosto 19, 2008

¿¿POR QUÉ FESTEJAR A OTROS?? REFLEXIONES EN TIEMPOS DE JUEGOS OLÍMPICOS

versión en inglés/english version


En estos días, mientras trabajaba avanzando en mi tesis a altas horas de la noche o en las primeras horas de la mañana, a veces paraba un rato para descansar, y veía los juegos olímpicos en televisión, pues me entretiene ver algunas de las competencias.

Al ver los juegos, me ha llamado poderosamente la atención la alegría y entusiasmo que se muestra en la televisión chilena (y la importancia que la prensa da en general), por el desempeño de un nadador estadounidense que ha ganado 8 medallas de oro por nadar rápido, o por una rusa que superó su record en salto con garrocha. Tanto entusiasmo como el mostrado con Fernando González, tenista nacional.

¿Por qué festejar tanto a personas que ni siquiera saben de nuestro país?

Aunque podría acusarse de falta de identidad nacional o de “orgullo de lo nuestro” en esas manifestaciones, me da la sensación de que aquello es expresión justamente de lo contrario. El deseo del éxito, de autodefinirse en torno y conforme al término éxito parece ser un rasgo casi obsesivo de la identidad nacional del último tiempo. Por ejemplo: a nivel social enorgullece el crecimiento macroeconómico, aunque se base principalmente en exportación de materias primas y la mayoría no vea ni un peso; y en términos individuales, hay un permanente intento de relatar la propia vida en función de la palabra éxito. El deporte no escapa de esta búsqueda ansiosa de empaparse de alegrías exitistas.

Frente al hecho de carecer de deportistas exitosos (en un país donde muy pocos dan importancia real al deporte), la necesidad de sumarse al placer de la sensación de triunfo lleva a “soñar” con ser parte e identificarse con la alegría de logros ajenos. Y expresión de aquello es nuestra prensa, en particular los periodistas de TV que transmiten desde China, en un intento de hacer sentir cada medalla estadounidense, rusa, china o de cualquier origen admirado como algo propio; como equivalente a la dicha del logro que esperaban para cada deportista nacional que no logró responder a las expectativas de éxito de un país donde casi nadie hace deporte…

Por mi parte, contento por el oro obtenido por el panameño Irving Saladino, y la plata obtenida por el chileno Fernando González.


lunes, junio 09, 2008

LA VIOLENCIA DEL MERCDO DE TRABAJO

Hace algunas semanas se vio en las noticias los ataques xenófobos en Sudáfrica, cuyas víctimas, inmigrantes pobres de países vecinos, fueron presa de crudas manifestaciones de violencia. A este grupo de inmigrante se le culpa de los problemas sociales que enfrenta dicha nación, principalmente, el desempleo. Y esto ya es cuento viejo, pues vemos, aunque tal vez con manifestaciones diferentes pero no necesariamente menos despreciables ni violentas, lo mismo en Chile con la inmigración peruana, en EEUU con la inmigración latina, en Europa, con latinos y africanos, etc. Y es una constante que el tema eje de todo ello es la ocupación de puestos de trabajo, situación que al ser combinada con nacionalismo y elementos culturales e identitarios genera hechos de violencia en los que se olvida algo fundamental: independiente de la clasificación que se use, estamos hablando siempre de seres humanos.

¿Por qué se genera esto?

El inmigrante pobre, de baja calificación, suele ofrecer su trabajo por menos dinero que el trabajador nativo del lugar. También abarata su costo el hecho de que su venta de fuerza de trabajo se realiza en mercados laborales informales, donde los derechos y legislación laborales no se hacen presentes, o bien, en mercados formales con formas de contratación que le dejan al margen de beneficios sociales. Es por eso que los hechos de violencia se desatan en sectores más populares y no en otros.

Otro factor a considerar es que el trabajo es el mecanismo por el cual el sujeto se conecta a la sociedad. Ello se expresa, hoy en día en que el trabajo está organizado en torno a un mercado – en cada nación con alguna regulación particular, o sin ninguna – laboral. Sea formal o informal, es por medio de la venta de fuerza de trabajo en el mercado de trabajo donde cada sujeto accede a los bienes que le permiten vivir. De lo contrario, el sujeto queda condenado a la exclusión social, lo que hoy significaría quedar fuera del mundo del consumo.

Entonces – frente a un mundo cambiante que exige una nueva organización del trabajo, cambios en el mercado que suponen flexibilidad y adaptabilidad y un nuevo acuerdo social que regule al trabajo y su mercado – quedar fuera y vivir las penurias de estar sin una fuente de ingresos ha de requerir un culpable: otro que ocupa el propio lugar otrora protegido de cualquier amenaza. Este otro es el inmigrante pobre, competidor del trabajador nativo de escasa calificación, fácilmente reemplazable por estar más dispuesto a trabajar por poco dinero y renuncia a los derechos laborales, y adaptarse, ahí donde la empresa lo requiere, a añejas lógicas de producción taylorista-fordista que aun subsisten en, al menos, muchas partes del llamado tercer mundo.

Otro detalle a considerar es que el nacionalismo, y las fronteras entre países favorecen el actual desarrollo del capital a costa de las oportunidades de los asalariados, puesto que reduce su movilidad geográfica. La necesidad de disminuir la movilidad geográfica para reducir el costo de la fuerza de trabajo es una constante histórica. Antes más brutal que ahora, sigue cumpliendo igual que siempre su función. Si cada sujeto pudiera trasladarse de un país o región a otro, y estar en los mercados formales como cualquier nativo del lugar, sería más factible que subieran los precios de la mano de obra en países pobres y/o daría más solidez a los derechos del asalariado como ciudadano. El mercado informal, posiblemente perdería su razón de ser (como alternativa de adaptación y medio del sujeto de conseguir un puesto de trabajo para proveerse de ingresos cuando la institucionalidad formal no es capaz de absorberlo e integrarlo) si el sujeto asalariado pudiese, sin ser obstaculizado por fronteras entre Estados, acceder al mercado laboral que se le diese la gana. Pero, hoy en día es más fácil que entre a EEUU o a la UE un cajón de manzanas que un sujeto cualquiera del mismo país de origen.

Y mientras los sujetos se vean entrampados en esa dinámica, seguirán defendiendo el precio de su fuerza de trabajo con hechos brutales como los que hoy vemos en Sudáfrica y otros tantos que deben estar ocurriendo en muchos rincones del planeta sin que nos enteremos, situaciones en las que cada individuo, lejos de conseguir el bienestar particular, o colectivo, acaban defendiendo el interés de todo capital que basa su ganancia en mantener un determinado precio para cada tipo de fuerza de trabajo según la localización geográfica.

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Tema aparte: comento que me tomaré un pequeño receso de como dos meses, ya que mis obligaciones laborales y académicas me están superando. En Agosto volveré a escribir. Muchas gracias por las visitas y comentarios. Un gran saludo para todos.
Marcos.

martes, mayo 06, 2008

REFERENDO EN SANTA CRUZ. LA BÚSQUEDA DE AUTONOMÍA

Santa Cruz, una ciudad y departamento de Bolivia al cual si uno va, siente que sale de Bolivia y entra a otro país, sensación que a uno le queda por dos motivos: siempre vemos en los medios una Bolivia más andina, representada por su capital, La Paz. El sesgo se alimenta porque la mayoría de los viajeros visita sólo esa parte de tan interesante y diverso país. Otra razón para sentir el fuerte cambio es que uno suele llegar a la Paz, y de ahí se visitan los demás departamentos (salvo que uno entre por Argentina o por Brasil, por tierra). La diferencia de Santa Cruz en un principio sorprende: estereotipo distinto, acento distinto, la lógica de la ciudad es distinta, se ve harto recurso monetario, es una ciudad plana, de clima tropical, con la selva cerquita. Un lugar sin duda interesante de visitar.

Mica, una amiga y colega boliviana, me comentaba – y pienso que su opinión es bien confiable – que una parte muy importante de la población de esa ciudad está compuesta por inmigrantes, extranjeros y sorprendentemente muchos paceños. Lo más curioso es que son los inmigrantes los responsables de la prosperidad económica de ese departamento.

Hace tiempo que vengo escuchando acerca de la petición de autonomía del departamento de Santa Cruz. La autonomía es, en esa zona, hace tiempo una bandera de batalla. Sin embargo, no es algo exclusivo de esa zona pese a ser la ciudad de Santa Cruz el lugar emblemático de esta demanda. Cuando viaje a Bolivia – aprovecho de sacar pica – vi, por un lado, que el tema está muy presente, y por otro, que en los demás departamentos existe una sensación de estar “dominados” por el departamento de La Paz.

El referendo muestra, a mi parecer, una situación en que el sentimiento de deseo de autonomía se ha incrementado de manera importante. A mi juicio, ello se debería al gobierno de Evo Morales, y su insistencia en imponer por la fuerza temas como el indigenismo. Se trata de un gobierno que busca controlar todo desde el Estado, fortaleciéndolo, y al parecer, castiga el emprendimiento individual, la creación de empresa. Políticas que se hacen en nombre de la población indígena.

Más que una cuestión identitaria, creo que el deseo de autonomía es un asunto de política y economía. Más que un asunto del departamento, sospecho que se trata de intereses económicos de grandes empresarios, o bien, de todo aquel que vea dificultades con el gobierno actual, de desenvolverse en una economía de mercado. Pues, es esa la principal diferencia, entre Morales y los autonomistas, pienso yo: por un lado, tenemos a Evo Morales, una mezcla de reivindicación indígena y vieja izquierda, un producto de la situación de parte considerable de la sociedad boliviana, realidad que no se refleja – o se esconde muy bien – en la ciudad de Santa Cruz (pues en otros pueblos de dicho departamento se ve una pobreza que a la vista superficial del viajero es similar a la de pueblos de otros departamentos del país). La autonomía es una buena herramienta para que los intereses económicos de dicho departamento (y eventualmente, toda la zona que busca autonomía) genere las propias regulaciones económicas que más le acomoden. Quizás esto mismo explique la alta abstención e las urnas.

Santa Cruz es el departamento que más ingresos genera en Bolivia (más del 30% del PIB), por lo cual no es raro que quieran más control sobre dichos ingresos. Pero ¿es factible que un gobierno central acepte dicha autonomía cuyo costo es la dificultad de atender las necesidades de departamentos más pobres en el país? Una descentralización semejante del poder implica posiblemente un importante cambio en el mapa político del país. Las diferencias generarían, por una parte, mayor dificultad de gobernar sectores más empobrecidos en los que, si la presencia del Estado disminuye, pierde este legitimidad, al mismo tiempo que el gobierno central la perdería en un departamento donde no sólo las lógicas de convivencia sociales e ideas o proyectos de sociedad son, ahora más que nunca, tan distintos, sino que además, el nuevo escenario supondría una independencia económica que hace del gobierno central algo innecesario, algo de lo que se puede ser independiente y negociar con más fuerza.

Dado lo anterior, en Bolivia la situación es delicada. Conceder autonomías implica cambiar radicalmente la política del Estado, implicaría para el proyecto político de Evo Morales, una situación donde éste se hace probablemente inviable. Conceder autonomía supone renunciar al proyecto político social que el actual gobierno tiene y que – junto con sus seguidores – no duda en imponer, incluso con medidas tan represivas como las que dicen despreciar.

Sin duda, más que una cuestión de institucionalidad y manejo formal del poder, lo que está en juego en Bolivia es el redefinir la forma de hacer política desde el Estado, redefinir, tanto en el aspecto concreto de las posibilidades reales que tendría como en una mirada abstracta del país, su orden interno y vinculación con el mundo, el rol del Estado. Y eso, dudo mucho que Morales y su bando estén dispuestos a cambiar, lo cual explica que el gobierno central recurra a todo lo posible (apoyo de la OEA, etc.) y no quiera reconocer la legalidad de la votación del domingo 4 de Mayo de 2008.


Nota: la fotografía es mía. Corresponde a Samaipata, a la plaza del centro. Samaipata es un pueblito cerca de Santa Cruz.

sábado, abril 05, 2008

PILDORA DEL DÍA DESPUÉS. BATTALA SIMBÓLICA DE NUNCA ACABAR

Es lamentable. Se ha prohibido nuevamente, por parte del Tribunal Constitucional, la entrega de la pastilla del día después (Postinor 2). La pastilla del día después es un método de anticoncepción, pensada para las parejas que se dejaron llevar por la calentura, para las mujeres que han sufrido la desgracia de la violación en su periodo fértil, etc.

Desde un tiempo hasta ahora, se ha debatido mucho e investigado poco al respecto, cosa de la cual ha resultado una suerte de forcejeo entre dos posturas: estar a favor de repartirla en el sistema público de salud o estar en contra de su distribución en el sistema público de salud (curiosamente, no así en el comercio, pues a precios algo elevados se consigue igual, y nadie cuestiona a las farmacias por venderla).

El tema que provoca la definición es un asunto de valores. La discusión es si la pastillita es abortiva o no lo es. Algunas investigaciones afirman que sí, otras que no, pero dichos estudios no son más que un respaldo a posturas valóricas que se enfrentan constantemente en los pocos campos de batalla donde se discute algo abstracto hoy en día en nuestra sociedad.

¿Qué se puede decir de ambas posiciones? Sin pretender ser muy completo, expondré mi visión del asunto.

Tenemos aquí dos posturas que discuten en torno al tema de si la pastilla es abortiva o no, lo cual hace ver que existe cierto consenso acerca de qué es la vida. Ya tenemos ahí un punto que no se discute, parte del marco normativo que guía la discusión. A raíz de esto, se abre la discusión sobre cuando empieza la vida, qué es la vida y otra serie de preguntas asociadas que tienen que ver exclusivamente con la norma del respeto a la vida y la exigencia clara de una definición. Sin embargo, el asunto de qué es la vida, el derecho a la vida, el cuando comienza, etc. no son el único eje que explica esta dinámica. Está también, y es muy importante, la concepción del individuo. Me atrevería a decir que pese a su falta de protagonismo mediático, el asunto de la individualidad como valor tiene mucho más peso que la vida misma en este tira y afloja.

Tenemos así, dos posturas, que más que preocuparse de la vida, se preocupan de la presencia de la comunidad en la vida individual.

Por un lado, están los grupos autodenominados “pro-vida” (yo me niego rotundamente a llamarles así), muchas veces ligados al catolicismo, sostienen que Dios da y quita la vida, etc. y que cualquier intervención humana no es moralmente correcta en lo que a decidir sobre la vida de un ser humano se refiere. Hay una idea del alma, y de que esta se adquiere en plena concepción, etc. También los hay más moderados. Esta postura, desde fanáticos hasta moderados, tienen una inclinación hacia una visión comunitaria de la vida y de lo que el sujeto hace con la propia vida, y para ellos es la comunidad la que debe regular, explícitamente, las responsabilidades del sujeto a nivel de la propia conciencia, y que ojalá cada conciencia sintonice y actúe conforme a una moral que está amparada en la existencia de Dios. De ese modo, la conciencia debiese estar guiada por el grupo. Es así como encontramos tendencias a querer regular esta clase de cosas. Y una norma para esta tendencia es el garantizar la existencia de una vida que puede gestarse naturalmente; la falta a la norma del grupo por parte de un individuo es interrumpir, por medios a su alcance, lo que el grupo reconoce como la labor de Dios o de la naturaleza. De este lado siempre se teme que la gente actúe por capricho, o por cualquier desviación que un impulso puramente individual pueda provocar respecto al grupo del que forma parte y que claro, regula, con su moral, su comportamiento

Por otro lado tenemos el grupo que está a favor de la distribución de este método de anticoncepción; aquí se tiene una tendencia más individualista, en el sentido que apoya una mayor autonomía de la conciencia del individuo, y aboga por un mayor respeto de la propia individualidad, al comportamiento que se tiene para con uno mismo. Esto no quiere decir que acá no exista noción de grupo, o que en este caso no hay sociedad que regule el comportamiento individual (de eso no escapa nadie); es solo que la lógica comunitaria de control del primer grupo no está presente, o no es significativa. Se fomenta la libertad del individuo (la mujer) de poder hacer con su cuerpo lo que quiera y sea mejor para la planificación de su propia vida, el actuar es algo personal, no grupal, la igualdad no es aquí el estar sometidos a una norma común respaldada por la existencia de un ser superior – Dios – que es expresión de lo justo y lo correcto, sino que el valor que regula, en este grupo, el comportamiento social es el respeto a la propia individualidad y el reconocimiento de la conciencia de cada sujeto.

Es así como estas dos posturas chocan irreconciliablemente. Individualidad y vida son los valores que aquí, combinados se disputan. Hay semejanza en que la vida es importante, pero no en la definición de vida y sus límites. Pero un quiebre mayor lo encontramos en la noción de individuo en relación a un grupo o comunidad (real o supuesta) en lo referente a la responsabilidad del sujeto con la vida

Lo de la pastilla del día después no es otra cosa que demostraciones de fuerza, y el deseo de imponer una visión determinada… a parte de la sociedad, ya que como se puede ver, al mercado no llega el asunto valórico. Nadie ha intentado impedir su comercialización en las farmacias, donde al parecer es la estructura de precios la que determina la posibilidad del sujeto de poder elegir sus valores orientadores, y donde ni una discusión tan trascendente como la asociada a la vida es razón suficiente para arriesgar la credibilidad del país como economía de mercado. ¿En qué terminará todo esto? No tengo idea. Posiblemente podemos esperar nuevas resoluciones a favor de la pildorita. Quien sabe

Si de tomar posición se trata, creo que en este caso adscribiría a una postura como la del grupo dos. En todo caso, para mí el hecho de que el uso de la pastilla no tenga riesgos médicos considerables es razón suficiente para que se distribuya en todas partes para que todos tengan acceso a la posibilidad de planificación familiar. Pienso que debiera hacerse más visible su existencia. Dejar que el mercado decida, a través de la estructura de precios, quién puede o no acceder a la oportunidad de planificar no me parece justo ni conveniente.