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martes, febrero 28, 2006

ENVIDIA Y RESENTIMIENTO


Estas son dos realidades distintas que se tienden a confundir tanto a nivel conceptual como a nivel empírico y muchas veces se acusa a un sujeto de sentir una u otra cosa por otro. Yo no pretendo tener la última palabra al respecto sino tan sólo proponer una breve distinción que aspira proponer una forma de entender esta clase de manifestaciones.

El resentimiento es un sentimiento producido por determinadas injusticias que a sufrido el sujeto. Normalmente se trata de situaciones injustas a nivel social, caso paradigmático es el de la desigualdad social que se expresa en la desigual distribución del ingreso. El sentirse merecedor de buenas condiciones de vida y de igualdad en derechos (tomando en serio esta palabra, es decir, sin perderse en tecnicismos legales y/o ideológicos) y no vivir en igualdad sino darse cuenta que las oportunidades de desarrollo en todo sentido están desigualmente distribuidas es una situación que genera resentimiento. Es un sentimiento de injusticia que se refleja en su expresión simbólica que corresponde al sujeto “exitoso”, aquel que se ve beneficiado por la desigualdad a pesar que en tanto ser humano no se puede calificar como superior a otro ser humano. De este modo el resentimiento es un sentimiento negativo producto de una injusticia social y la rabia que genera es rabia hacia la situación y no odio hacia un ser humano específico, sino que la rabia está dirigida a los representantes de la desigualdad, que en una sociedad tienden a ser los que están en el lado privilegiado de la distribución de bienes (pueden ser materiales, como los ingresos así como afectivos, por ejemplo el desigual cariño que pueden sentir y/o expresar los padres por sus distintos hijos). El resentimiento es uno de los efectos corrosivos que tienen las desigualdades e injusticias sobre el ser humano como sujeto así como sobre la comunidad o sociedad

Por otro lado tenemos la envidia, que, pese a ser en sus efectos y manifestaciones idéntica al resentimiento, se trata de otro sentimiento negativo de naturaleza muy distinta. La envidia no es resultado de la injusticia ni de relación social negativa alguna. Es una suerte de desprecio por el otro por lo que tiene el otro aunque sea de su misma condición. Se trata de un sentimiento negativo hacia la persona específica, no hacia la situación que se pudiera considerar injusta. Y es precisamente porque la envidia no es resultado de la injusticia. La envidia es, en parte, resultado de la confusión del tener con el ser, confusión que lleva a pensar que aquello que uno tiene (por ejemplo un bien material como puede serlo un automóvil así como un bien no material el cual puede ser una determinada habilidad socialmente valorada) es parte de lo que uno es. Pues se envidia el ser, es un antónimo de la admiración. El sujeto que envidia tiene instalada en su mente la idea de que existen seres humanos superiores a otros en esencia y es aquella supuesta superioridad lo que se envidia. Se olvida que las virtudes son una expresión de lo que se es y que un ser humano como totalidad de virtudes y defectos no se puede considerar superior a otro (aunque sí muy distinto, y esta situación no impide que uno sienta preferencias por una determinada configuración de virtudes por sobre otra). Otro componente de la envidia es la disconformidad con uno mismo.

Tanto el resentimiento como la envidia se presentan muchas veces juntos ya que los componentes que la generan o que permiten su existencia como sentimientos (siempre negativos) se presentan muchas veces juntos, es decir, se producen a la vez situaciones injustas para sujetos que confunden el ser con el poseer. El resentimiento es resultado de una relación social, es, podría decirse, un fenómeno social ya que su existencia se basa en determinados tipos de relaciones al interior de una comunidad o sociedad, en cambio la envidia en más individual, no requiere ni se basa en relación social previa, es un elemento de la psiquis humana y se manifiesta a pesar de que todo esté bien y en orden. A raíz de lo anterior es que es muy fácil confundir uno con otro.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Me parece que tu escrito es sumamente esclarecedor con respecto al resentimiento y a la envidia, sin embargo no coincido contigo en el ejemplo que das acerca del resentimiento acerca del cariño que tienen los padres con respecto a los hijos, pues la diferencia no está en el cariño o amor que se le tenga a los hijos (ya que éste es igual), sino que en la convivencia está la diferencia: Es decir en la química o aveniencia de personalidad que se tiene con cada uno. Un ejemplo esclaresedor es que si el dolor de los padres de perder con la muerte a alguno de sus hijos sería diferente entre cada uno. En todos los casos sería igual. Por lo tanto el sentimiento que despierta esta relación a mi modo de enterder lo que escribiste y según tu criterio, sería tu ejemplo acerca de los hijos, de envidia y no de resentimiento.

Malú Barrera

Marcos dijo...

Gracias por el comentario. El amor diferenciado a los hijos lo puse como ejemplo de entrega diferenciada de un bien no material, no pretendí generalizar. Sin embargo, comparto tu apreciación respecto al punto que describes. Si entiendo bien, ahí lo que se envidia es el tipo de relación que se tiene con el padre o la madre y no el cariño que se deposita en los hijos, bienes no materiales distintos pero suscepotibles de ser confundidos en la práctica.

La hormiguita dijo...

Muy interesante y claro este artículo. Saludos.